miércoles, 24 de julio de 2013

Pablo Marentes Adelanto El Sol de México 24 de julio de 2013



Opinión / Columna
 
Pablo Marentes 
Adelanto
El Sol de México
24 de julio de 2013

  La crisis financiera que padece el globo cumplirá el próximo 6 de agosto seis años. Es la más larga de todas las crisis catalizadas por la organización bancaria "global" dedicada a partir de 1999 a la especulación. El 6 de agosto de 2007 la gigantesca hipotecaria American Home Mortgage se declaró en quiebra y procedió a cesar a su personal. Sus directivos se dijeron víctimas de la caída del mercado inmobiliario que provocaron "cientos de miles de deudores que obtuvieron créditos para comprar una segunda o tercera casa a pesar de carecer de suficientes garantías para respaldar el dinero recibido." Tres días después BNP Paribas, el banco francés, suspendió las operaciones de tres de sus fondos de inversión a través de los cuales especulaban con 2 mil millones de euros dentro del mercado hipotecario precario. Sin consulta con ningún Gobierno, el Banco Central Europeo metió 95 mil millones de euros en los bancos de la eurozona para aliviar el impacto de los créditos sin garantías. La Reserva Federal estadunidense y el Banco de Japón tomaron decisiones similares. La Reserva Federal en un desplante señaló que procedería a efectuar tantos depósitos nocturnos como fueran necesarios para enfrentar la escasez de efectivo. El 13 de agosto el Banco Central Europeo envió 48 mil millones de euros más a los mercados de dinero. Era su tercera inyección. Es larguísima la lista de envíos de efectivo a las exangües arcas de los bancos y no bancos de Estados Unidos y de la Eurozona que efectuaron la Reserva Federal y el Banco Central Europeo. A nadie consultaron. El propósito era salvar a los bancos privados, no a los bancos de emisión central ni a los gobiernos. Los bancos privados determinaron el juego, porque eran demasiado grandes para que los dejaran quebrar. Y arrastraron con ellos a la economía del mundo. Vinieron entonces los derivados. Durante treinta y un meses consecutivos hubo intereses negativos para ajustar la inflación. La crisis pudo no haber ocurrido. Pero Clinton negoció con sus enemigos. Si lo dejaban terminar su cuatrienio de reelección, derogaría las leyes Glass-Steagall que desde 1933 mantenían separada la actividad tradicional bancaria comercial, de la banca de especulación. Durante 66 años los cabilderos de los bancos asediaron a senadores y representantes para obtener la derogación. La primera "Charla al calor de la chimenea" la dedicó Franklin Roosevelt a revelar cómo los banqueros deshonestos, --incompetentes o ladrones-depredaron las depósitos de los honestos ciudadanos y los perdieron en especulaciones que llevaron a la quiebra a muchos bancos. Los movimientos de la bolsa de Nueva York alcanzó niveles de burbuja. Y con las burbujas llegó la manipulación del mercado mediante arreglos de especuladores que ofrecieron papeles con cripticas denominaciones. En rigor eran pirámides, esquemas fraudulentos. En 1929, Andrew Mellon, secretario del tesoro en las administraciones de Warren Harding, Calvin Coolidge y Herbert Hoover volvió a recomendar que nadie intentara controlar el mercado. No lo hicieron, vino la quiebra de Wall Street y comenzó la Gran Depresión. Ahora, en la segunda semana de julio, la Reserva Federal aprobó normas de garantía para los fondos de inversión. Y enseguida comenzaron en el Congreso Federal discusiones para revivir las Leyes Glass-Steagal para mantener separadas nuevamente las actividades de la banca tradicional comercial de los fondos de inversión y especulación. Las iniciativas las promovieron John McCain --dos veces candidato republicano a la presidencia--, y la senadora demócrata Elizabeth Warren. Las propuestas implican que las normas en vigor para contener la especulación y Basilea III no son suficientes para obligar a los grandes bancos a asumir una actitud financiera responsable. El propósito es evitar que Wall Street vuelva a contaminar al mundo. La sola idea es un gran adelanto. Enorme. 

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